Científicos de la Universidad Drexel de Filadelfia demuestran que la bactería porosarcina pasteurii podría evitar la rotura del asfalto

El correcto mantenimiento del estado del asfalto depende de una gran variedad de factores, desde el tipo de vehículo que circulen sobre él a las condiciones climáticas que padezca.

Respecto de esto último, en época de heladas es frecuente el esparcimiento de sal sobre el asfalto que evite la aparición de temidas placas de hielo. Bien mediante la dispersión en camiones o por aspersores de agua salada, el cloruro de sodio actúa evitando la cristalización del agua líquida cuando las temperaturas dejan de ser positivas.

Posteriormente, de nuevo, el agua vuelve a estado líquido o vapor y la sal común queda en los márgenes de la calzada o sobre el asfalto. En caso de llegar a la cuneta, el cloruro de sodio puede provocar la deshidratación de los vegetales debido provocando daños a la flora y la fauna limítrofe a la vía. Pero cuando queda sobre el asfalto, su acción también es perjudicial y dañina para la propia calzada.

Microorganismos contra la degradación del asfalto

Cuando la sal entra en contacto con el hidróxido de calcio, compuesto derivado del óxido de calcio, presente en las rocas calizas, se produce oxicloruro de calcio, una sustancia que, al introducirse por la propia textura del asfalto, provoca su agrietamiento.

Un grupo de científicos de la Universidad Drexel, Filadelfia, Estados Unidos, han investigado y probado con una cepa de laboratorio de la bacteria Sporosarcina pasteurii, un microorganismo que se utiliza en procesos de precipitación de carbonato de calcio, un cemento natural.

Estas bacterias interactúan con la sal común, ya que entra dentro de su grupo de nutrientes, de tal forma que, en el proceso, generan carbonato cálcico.

Durante los 28 días que ha durado el estudio, los científicos observado que las muestras recogidas no solo marcan menor cantidad de sal sino que no se ha producido deterioro en las mismas y que, a la vez, ha crecido la cantidad de carbonato de calcio en ellas.

De esta forma, además de evitar la degradación del asfalto de las carreteras, la propia acción natural de las bacterias fomentaría la resistencia del pavimento.

Por otra parte, la presencia del microorganismo bacteriano no supone ningún riesgo para la salud humana ni de otros seres vivos en el entorno próximo de la calzada donde estuvieran ya que son agentes no patógenos por lo que su aplicación en el asfalto solo supondría beneficios para la conservación e, incluso, regeneración parcial de las carreteras.