La protección antibalas de los coches destinados al transporte de personas con riesgo de sufrir algún atentado podría ver aliviado el lastre que supone el blindaje tradicional

Estamos acostumbrados a ver vehículos blindados capaces de proteger a sus ocupantes ante intentos de secuestro, atentados con armas cortas o, incluso, artefactos explosivos.

Dependiendo del nivel de blindaje, un coche puede soportar un atentado de menor o mayor intensidad pero, es común a todos que su peso aumente considerablemente.

Igualmente, desde fabricantes como Volvo, que ofrece vehículos blindados de manufactura propio hasta empresas especializadas en seguridad privada, como  AddArmor y su espectacular Audi RS7 blindado, recurren a materiales altamente resistentes para interponer entre los usuarios de sus coches y los atacantes.

Muchas veces son metales cuya masa incrementa el peso en vacío del coche lo cual, también, supone un esfuerzo para el motor del propio coche que sufre en el aumento del trabajo por realizar y una reducción en las capacidades para acelerar de forma más inmediata sin olvidar que el lastre afecta al dinamismo y al comportamiento del automóvil en cuestión.

CMF antibalas

Pero esta situación podría verse mitigada, en parte, gracias al uso de nuevos materiales como es la espuma antibalas desarrollada por un grupo de trabajo de la la Universidad Estatal de Carolina del Norte que ha fijado su estudio en las cualidades del CMF, del inglés composite metal foam, o espuma metálica que podría llegar a pesar hasta un 50 por ciento menos que otros materiales usados con el mismo cometido como, por ejemplo, el acero.

Los investigadores han demostrado que el uso de este compuesto permite detener una bala de calibre .50 y podría suponer una repercusión inmediata en el comportamiento de cualquier vehículo blindado, incluidos militares o policiales ya que, de entrada, al ser más ligeros, el consumo de carburante se vería significativamente reducido sin comprometer la seguridad de los usuarios que se transportara.

En el vídeo puedes ver algunas de las pruebas realizadas para comprobar la eficacia de este material.

Los test pusieron de manifiesto que el CMF antibalas podía absorber entre un 72 y un 75 por ciento la energía cinética respecto del acero y fueron realizados disparos con velocidades desde 500 metros por segundo hasta 882 m/s.

Lejos de marcar un tope, el equipo capitaneado por el autor del estudio, Afsaneh Rabiei, profesor de ingeniería mecánica y aeroespacial, asegura que aún podría mejorarse la efectividad del compuesto según el uso de diferentes materiales que dieran estructura al material utilizado.

Sin duda, un avance capaz de revolucionar el blindaje de los vehículos.